Definitivamente uno de los aspectos que hacen que las empresas puedan no sólo mantenerse a flote, sino prosperar en un mundo tan competitivo, es la innovación.

La innovación debe ser una cultura que se vive a diario dentro de las empresas, y no solamente cuando se deben hacer cambios estructurales cada cinco o diez años.

En este sentido, las empresas que invierten en investigación tienen una ventaja competitiva, porque tienen acceso a conocimiento y tecnología que está en desarrollo, que aún no ha llegado a los mercados de forma masiva, pero que tiene el potencial de volverse el factor diferenciador de aquellas entidades que lo implementen de primero.

En términos ideales, cada empresa debería tener sus esfuerzos de investigación o departamentos de Investigación y Desarrollo.

Pero en la práctica, aún cuando los beneficios de la investigación estén demostrados, la inversión en investigación no siempre encuentra un espacio en los ajustados presupuestos de las empresas.

Desde la perspectiva de las responsabilidades de un gobierno, la falta de investigación es uno de los factores por los cuales no se implementan políticas públicas eficientes, que den soluciones a escala a los problemas mas urgentes de los países.

Según un estudio de la UNESCO, Guatemala invierte sólo el 0.045% de su Producto Interno Bruto, cuando el promedio internacional es de 2.1%.

El ámbito empresarial parece ser un reflejo a menor escala de esa realidad del país.

Una investigación de ASIES señala que la mayoría de empresas formales en Guatemala no invierte en investigación.

Ante la dificultad que implica tener iniciativas de investigación internas, una vía para obtener los beneficios del conocimiento, es hacer proyectos colaborativos con universidades.

 

Colaboración entre empresas y universidades: pilar de la economía del conocimiento

La colaboración entre universidades e industrias es crítica para el desarrollo de habilidades (educación y capacitación), la generación, adquisición y adopción de conocimiento (innovación), y la promoción del emprendimiento.

Pero en muchos casos, las empresas tienen las expectativas erróneas de los equipos de investigación.

Curtis Keith, CEO de la Aceleradora Biomédica Blavatnik de la Universidad de Harvard, explica que en el ecosistema de investigación que su instituto promueve, están conscientes de que sólo uno de diez proyectos de investigación tiene el potencial de volverse un producto o una solución que llegará al mercado.

Pero cuando ese proyecto lo logra, las empresas pueden generar un importante beneficio económico, y a la vez, la Universidad gana prestigio y asegura una relación a largo plazo con las empresas que financian sus investigaciones.

El Rector de la Universidad del Valle de Guatemala, Lic. Roberto Moreno, habla sobre la colaboración entre academia e industria, como un eje importante para la Economía del Conocimiento:

 

¿Quién se beneficia de la colaboración entre empresas y universidades?

Varios analistas coinciden en que el beneficio de los proyectos de colaboración entre empresas y universidades es mutuo para la comunidad académica y para las empresas.

Michael Jünger, Doctor en Ciencias Aplicadas de la Universidad de Ausburg describe los beneficios

El principal beneficio para las empresas de esta cooperación es el acceso a los últimos resultados de investigación y nuevas metodologías innovadoras.

Es un enfoque mutuo: las empresas ofrecen perspectivas comerciales y los estudiantes tienen la oportunidad de implementar metodología y experiencia que en teoría funciona. Es una situación de ganar-ganar para ambas partes “.

Kenneth R. Lutchen, Decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Boston, describe en Business Harvard Review cómo la comunidad universitaria se beneficia de estas colaboraciones:

“Estos programas de colaboración capacitan a los estudiantes para dar forma al desarrollo de innovaciones de tecnología en colaboración con grandes compañías. Con ello, obtienen una vista de primera mano del proceso. Esto les da el conocimiento y la experiencia valiosos que los empleadores buscan en los futuros empleados”.

El Dr. Keith habla de cómo su Aceleradora Biomédica Blavatnik está cerrando la brecha entre la academia y las empresas:

Tanto la industria como la academia se beneficiarán de la cooperación a largo plazo. Las empresas obtendrán un mayor acceso a investigación de vanguardia y talento científico en un momento en que los presupuestos corporativos de I + D se encuentran cada vez más bajo presión.

Las universidades obtendrán acceso a apoyo financiero y socios en la investigación, sobre todo en países como Guatemala, en donde el financiamiento a entidades de educación superior no existe, a excepción de la universidad pública.

Lo más importante es que la sociedad se beneficiará de una serie de avances inimaginables en muchos campos.

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